La novedad del Misterio Pascual

          El misterio pascual es presentado a nosotros por la Iglesia como el mayor don otorgado por Dios a los seres humanos, pues en él se realiza nuestra redención traída por la persona del Hijo. Por ello la mayor gloria, el hecho más maravilloso que le puede suceder a cualquier hombre o mujer de cualquier tiempo y espacio en el mundo es participar en la Santa Misa.
          Esto es válido para todos, pero solo los cristianos lo podemos entender, particularmente aquellos que tenemos el don de ser católicos.
          Participar en la Misa es participar de la muerte del Señor en la Cruz, porque en ella el Señor, al dar su vida, la da para que nosotros la adquiramos y con ello ser agradables al Padre. Igualmente participamos de la esperanza de la resurrección porque Él ha resucitado: su triunfo es nuestro triunfo.
          Para mantener esa donación amorosa de la Vida, el Resucitado se queda con nosotros en la Eucaristía. Él hace latir nuestro corazón y abre nuestro entendimiento al explicarnos la Escritura en la Liturgia de la Palabra, como en Emaús, para luego entregarse como Trigo y Vino santísimos para fortalecernos en nuestro camino de misión en el mundo, rumbo a la Patria definitiva, transformados en seres de calidad divina porque el Señor acepta nuestra entrega humilde y nos hace suyos.
          Esto significa, siempre, buscar al Señor Jesús, escucharlo, unirnos a Él y aceptar su dirección. Nos dirá que le busquemos en los necesitados, en los débiles, en los desorientados y en la creación entera y hacerlo conocer por nuestro testimonio; pero, sobre todo, buscarle en la Eucaristía y celebrar con Él todo eso que nos salva en la Santa Misa, alabando al Padre quien todo merece.
          En la pasada Asamblea del Sínodo de los Obispos una de las Proposiciones presentada al Papa Benedicto XVI, para la elaboración del documento final dice lo siguiente:

          "Al instituir la Eucaristía, Jesús creó una novedad radical: cumplió en sí mismo la nueva y eterna alianza. Jesús inscribe, en el contexto de la cena ritual judía, que concentra en el memorial el acontecimiento pasado de la liberación de Egipto, su importancia presente y la promesa futura, su entrega total. El verdadero cordero inmolado se sacrificó de una vez por todas en el misterio pascual y es capaz de liberar para siempre al hombre del pecado y de las tinieblas de la muerte. El Señor mismo nos ofreció los elementos esenciales del "culto nuevo". La Iglesia, en cuanto esposa y guíada por el Espíritu Santo, está llamada a celebrar el Convite Eucarístico, día tras día, "en su memoria". Inscribe el sacrificio redentor de su Esposo en la historia y lo hace presente sacramentalmente en todas las culturas. Este "gran misterio" se celebra en las formas litúrgicas que la Iglesia, iluminada por el Espíritu Santo, desarrolla en el tiempo y en el espacio.
          En la celebración de la Eucaristía, Jesús, sustancialmente presente, nos introduce mediante su Espíritu en la pascua: pasamos de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad de la tristeza a la alegría. La celebración de la Eucaristía refuerza en nosotros este dinamismo pascual y consolida nuestra identidad. Con Cristo, podemos vencer el odio con el amor, la violencia con la paz, la soberbia con la humildad, el egoísmo con la generosidad, la discordia con la reconciliación, la desesperación con la esperanza. Unidos a Jesucristo, muerto y resucitado, podemos llevar cada día su cruz y seguirlo, con vistas a la resurrección de la carne, siguiendo el ejemplo de los mártires de la antigüedad y de nuestros días. La Eucaristía, como misterio pascual es prenda de la gloria futura y de ella nace ya la transformación escatológica del mundo. Celebrando la eucaristía, anticipamos esta alegría en la gran comunión de los santos."

          Arriba
                   El Señor Resucitado.

                   "...destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo." (Jn 2, 19)
         Y verdaderamente el Señor resucitó, y su triunfo es nuestro triunfo, su gloria es también nuestra. San Pablo insiste en su predicación que el Señor murió por nuestros pecados. Es su muerte la que nos ha recuperado la plenitud del amor de Dios; pero también insiste: "Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe".
         La resurrección del Señor es lo que da luz a su muerte y por eso reconocemos que por ella nuestra redención se realizó. Es verdad: el triunfo del Señor en su resurrección es triunfo nuestro.
         Y Resucitado sigue en la verdad: "No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes. Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán, pero ustedes me verán y vivirán porque yo vivo" (Jn 14, 18-19).
         Los cristianos, por nuestro bautismo, ya no somos "del mundo" y le seguimos mirando en la Eucaristía con ojos de fe; y porque Él vive con Vida eterna, nosotros vivimos porque participamos de esa Vida que es Él y que, como Hermano muy amado nuestro, nos la obsequia amorosamente cada vez que, en estado de gracia, nos acercamos a comulgar, participando en la Santa Misa.
         Y es que esa muerte que nos restaura en la comunión con Dios, permanece en el tiempo, hasta que Él venga, y obtenemos sus méritos cuando participamos en la celebración de la Santa Misa. No participar en este dinamismo divino que es la Misa es ir en contra de esa Verdad que es Jesucristo Nuestro Señor y entramos en la contradicción de tener fe y sin embargo la meta de esa fe no deseamos alcanzarla.
         Pascua es el tiempo de celebrar las maravillas que el Padre ha hecho por nosotros con la muerte y la resurrección del Hijo. Es el tiempo de gozar y cantar jubilosos que el Señor muerto y resucitado, estando ya "a la derecha del Padre", sigue con nosotros en el mundo, permaneciendo en la Eucaristía, desde donde nos llama, como hace dos mil años llamó a los doce, para instruirnos, alimentarnos y enviarnos, y que, junto con Él, logremos la transformación del mundo y hacer partícipes de los dones celestiales a todo hombre y mujer de la nueva creación, inaugurada por el Señor y sostenida por Él mismo desde la Eucaristía.
         La culminación de estas maravillas se dará cuando en Pentecostés también nos gloriemos de la presencia iluminadora del Espíritu Santo, "Señor y dador de Vida".
         Entonces, como hace dos mil años Pedro y los demás, obtendremos el valor para proclamar con fuerza: "Lo que ocurre es que se ha cumplido lo que dijo el profeta Joel: <en los últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre todo hombre y profetizarán sus hijos y sus hijas... Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará>" (Hch 2, 16-17a; 21) "sepan, pues, con plena seguridad que Dios a constituido Señor y Mesías a este Jesús..." (Hch 2, 36).      
         Este Señor y Mesías es el Señor de la Eucaristía. El Resucitado. A Él la gloria sin fin. 


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¿Reconciliados? ¿Para qué?

          Reconciliarse es volver a estar de acuerdo con alguien; es retomar un camino perdido.
          Reconciliarse es volver a tener paz, ánimo, felicidad, porque otra vez hacemos las cosas bien.
          Reconciliarse es darse cuenta de la importancia de uno mismo, de lo mucho que valemos.
          ¿Con quién reconciliarse? ¿Porqué hemos de hacerlo? ¿Para qué?
          En el camino de la felicidad que Dios nos ha señalado desde nuestro bautismo para recorrer en nuestra vida, se nos van presentando obstáculos para transitar por él para llegar a Dios que nos ama. Esos obstáculos son el pecado.
          El pecado rompe nuestra relación con Dios. nos separa del camino que Dios nos señala.
          Pero también el pecado rompe nuestra relación con nuestros hermanos, ya sea con nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo o nuestros vecinos.
          Y es que la relación con Dios se ve en nuestra relación con los hermanos e inclusive con todo lo demás creado: los animales y las plantas, que están a nuestro cuidado.
          ¿Qué sucede con nosotros?
          Siendo Dios la fuente de toda felicidad y gozo,  si nos separamos de Dios por el pecado nos alejamos de lo que nos alegra, de todo lo que nos anima con valor para seguir adelante; nos llenamos de temores, dejamos de pensar correctamente y decimos que el mal que hacemos es bueno.          
          A pesar de todo, Dios es Padre bueno y amoroso con nosotros sus hijos e hijas. En su paso maravilloso por la tierra donde habitó entre nosotros y se ha quedado en la Eucaristía, ha puesto medios por los cuales podemos recuperar Su amor que hemos perdido.
          Uno de ellos es precisamente el sacramento de la Reconciliación; o como se decía antes, el sacramento de la penitencia, es decir, la confesión de nuestros pecados.
          Este tiempo de cuaresma nos invita a regresar a Dios y recuperar su amor, el amor de nuestros hermanos y la importancia de uno mismo y así retomaremos el camino.
          ¡ Motivo de alegría y felicidad! 
          ¡Vamos al encuentro del Resucitado, Él nos dará un abrazo al reencontrarlo y nos dirá cuánto nos ama!

La Sagrada Escritura en la vida del Adorador Nocturno.

          La Sagrada Escritura (o Biblia, como le llamamos normalmente) forma parte de nuestra vida como  adoradores, de tal manera que no lo seríamos si prescindiéramos de ella.
          En nuestro encuentro con el Señor, cada vez que celebramos nuestras vigilias, ordinarias o solemnes, para lo cual nos ayudamos con nuestro Ritual, la Sagrada Escritura, como Palabra de Dios, se hace presente para que podamos entablar nuestro diálogo con Aquel que nos ama con amor infinito, ya sea con los salmos, las antífonas o las lecturas (la primera de cada turno).
          Pero no para ahí, porque todas las demás oraciones que forman parte de nuestra Liturgia, y que están también en el Ritual, aunque en sí no se les atribuye la denominación de "Palabra de Dios", sin embargo tienen como fundamento aquello que creemos porque lo hemos descubierto al buscar a Dios en la Sagrada Escritura con fe firme y confirmada por la Iglesia.
          Por eso el adorador nocturno tiene que ir a la Sagrada Escritura, para encontrarse con la Palabra de Dios, encarnada en Jesús de Nazaret y hecha Presencia Santísima en la Eucaristía, donde el Señor nos acompaña amorosamente para guiarnos a la Patria Celestial.
          El adorador nocturno, si quiere conocer qué espera Dios de él, tendrá que buscar en la Sagrada Escritura.
Si quiere que alguien le hable del Señor a quien adora, canta, bendice, alaba y le da gracias, en cada vigilia y en el desarrollo de su vida, tendrá que ir a la Sagrada Escritura. Nuestro distintivo, con gran simbolismo así nos lo indica, cuando en la medalla al dibujo que simboliza la Eucaristía se le hace rodear de los símbolos de los cuatro evangelistas (ángel, águila, toro, león); porque la Sagrada Escritura nos habla de la Eucaristía y la Eucaristía nos envía a la Sagrada Escritura.

La Sagrada Escritura como verdad divina.

          Es doctrina de la Iglesia que todo lo que está en la Sagrada Escritura ha sido inspirado por Dios, y por consiguiente, infaliblemente verdadero.  Todos los libros que la iglesia recibe y propone como canónicos y sagrados han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo.

          En la manifestación de su bondad, Dios, para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas: "La Palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre, asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres" (DV 13).

          El tema central de la Biblia es Cristo Nuestro Señor. (Jn 5, 39) y nos enseña el camino de la salvación y toda obra buena. Por narrar la historia de la salvación, de ninguna manera pretende enseñar ciencias. Por tanto, "toda la Escritura al ser divinamente inspirada es útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y consumado en toda obra buena" (II Tim 3, 16-17).

          La Sagrada Escritura, inspirada por el mismo Dios y conservada con fidelidad y veneración por la Iglesia, contiene todos los elementos de la historia de nuestra salvación. Así como Cristo, Palabra de Dios hecha carne (Jn 1, 14), nos manifiesta el rostro de Dios (Cf. Jn 14, 9), así también, la Sagrada Escritura nos muestra a Cristo y de alguna forma nos comunica su acción, por ello se dice de la Escritura que es la Palabra viva de Dios: "eficaz y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu... y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón" (Hb 4, 12).

Preguntas de repaso:

          1)          ¿Seríamos adoradores verdaderos si no nos importara la Biblia?
          2)          ¿Contiene nuestro Ritual Sagrada Escritura?
          3)          ¿Quién ha inspirado la Sagrada Escritura?
          4)          ¿Quién es el tema central de la Sagrada Escritura?
          5)          ¿Para qué es útil toda la Escritura?



Izquierda:
Rev. P.
José Isaak Altamirano.
M.Sp. S., Director Espiritual Nacional, A.N.M.

A la derecha, el Hno. Francisco Luna Ayala, Presidente Nacional.


          
Comentario

          Hacer oración por nuestras madres es de lo más importante.
          Es la mujer con quien primero tiene contacto el ser humano, hombre o mujer y normalmente con quien más tiempo está y de quien mayor influencia recibe; por tanto, nuestra oración tiene que ser constante para que, en lo que contribuyen paa educar a la Iglesia, sea benéfico y con la guía de Dios.
                    El Santo Padre Benedicto XVI ha propuesto a los creyentes que hagan de este mes de mayo una ocasión para redescubrir el papel de la Virgen María, "madre y maestra" en la vida cristiana.
         Tras la resurrección del Señor los apóstoles se reunían con la Madre de Jesús quien fué para ellos "madre y maestra, papel que sigue desempeñando con los cristianos de todos los tiempos".
         Esta última consideración del Papa nos introduce a la intención mensual de la Adoración Nocturna  en esta ocasión.
         Tenemos que reflexionar el papel que la Virgen María ha desempeñado en la Iglesia desde sus inicios y particularmente en nuestra Patria al presentarse como Madre amorosa y compasiva: "¿No estoy yo aquí que soy tu Madre...?"
         Por eso el Papa Benedicto encomienda a la Virgen María, que es modelo de"madre y maestra", todas las "necesidades de la Iglesia y del mundo".
         La Sagrada Escritura  habla del "hombre nuevo", que tiene como modelo a Jesucristo Nuestro Señor, el Resucitado.
         Pero, igualmente, debemos entender que también el mismo modelo lo es para la "mujer nueva", cuyo ejemplo preclaro es la Virgen María, la gran educadora por cuya entrega amorosa y esmero para criar un hijo bien educado y de una gran disciplina, entregó al mundo al que guía hasta ahora y hasta el final de los tiempos a esta humanidad cuyo destino glorioso es la vida en Dios.
         Para tí, hermana adoradora, para tí hermana del mundo, la Virgen madre amorosa es meta de protección y amparo, sí, pero primariamente lo es para pedirle a ella que te dé ideas de cómo educar a un hijo. Ella lo sabe muy bién.



La Intención Mensual mayo 2008.  ("Por nuestras madres")  


El Consejo Nacional     Nuestro nuevo Director Espiritual Nacional      


Voz del Consejo Superior:   Historia de la Adoración Nocturna (hasta 1935)    El Ritual, la Bandera,   La Sagrada Escritura                          

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              
                                                                                                                      
Responsable: Rubén Robles Monge
Presidente del Consejo Superior Arquidiocesano
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  Escríbame       Aquí   
  ó también        Aquí
   Adoración Nocturna Mexicana
  Consejo Superior Arquidiocesano de México
                              (En reconstrucción)
Responsable: Rubén Robles Monge
Presidente del Consejo Superior Arquidiocesano
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La Intención Mensual mayo 2008.  ("Por nuestras madres")  


El Consejo Nacional     Nuestro nuevo Director Espiritual Nacional      


Voz del Consejo Superior:   Historia de la Adoración Nocturna (hasta 1935)    El Ritual, la Bandera,   La Sagrada Escritura                          

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              
                                                                                                                      
Comentario

          Hacer oración por nuestras madres es de lo más importante.
          Es la mujer con quien primero tiene contacto el ser humano, hombre o mujer y normalmente con quien más tiempo está y de quien mayor influencia recibe; por tanto, nuestra oración tiene que ser constante para que, en lo que contribuyen paa educar a la Iglesia, sea benéfico y con la guía de Dios.
                    El Santo Padre Benedicto XVI ha propuesto a los creyentes que hagan de este mes de mayo una ocasión para redescubrir el papel de la Virgen María, "madre y maestra" en la vida cristiana.
         Tras la resurrección del Señor los apóstoles se reunían con la Madre de Jesús quien fué para ellos "madre y maestra, papel que sigue desempeñando con los cristianos de todos los tiempos".
         Esta última consideración del Papa nos introduce a la intención mensual de la Adoración Nocturna  en esta ocasión.
         Tenemos que reflexionar el papel que la Virgen María ha desempeñado en la Iglesia desde sus inicios y particularmente en nuestra Patria al presentarse como Madre amorosa y compasiva: "¿No estoy yo aquí que soy tu Madre...?"
         Por eso el Papa Benedicto encomienda a la Virgen María, que es modelo de"madre y maestra", todas las "necesidades de la Iglesia y del mundo".
         La Sagrada Escritura  habla del "hombre nuevo", que tiene como modelo a Jesucristo Nuestro Señor, el Resucitado.
         Pero, igualmente, debemos entender que también el mismo modelo lo es para la "mujer nueva", cuyo ejemplo preclaro es la Virgen María, la gran educadora por cuya entrega amorosa y esmero para criar un hijo bien educado y de una gran disciplina, entregó al mundo al que guía hasta ahora y hasta el final de los tiempos a esta humanidad cuyo destino glorioso es la vida en Dios.
         Para tí, hermana adoradora, para tí hermana del mundo, la Virgen madre amorosa es meta de protección y amparo, sí, pero primariamente lo es para pedirle a ella que te dé ideas de cómo educar a un hijo. Ella lo sabe muy bién.



          

Página actualizada el:   15/5/08

Izquierda:
Rev. P.
José Isaak Altamirano.
M.Sp. S., Director Espiritual Nacional, A.N.M.

A la derecha, el Hno. Francisco Luna Ayala, Presidente Nacional.


La Sagrada Escritura en la vida del Adorador Nocturno.

          La Sagrada Escritura (o Biblia, como le llamamos normalmente) forma parte de nuestra vida como  adoradores, de tal manera que no lo seríamos si prescindiéramos de ella.
          En nuestro encuentro con el Señor, cada vez que celebramos nuestras vigilias, ordinarias o solemnes, para lo cual nos ayudamos con nuestro Ritual, la Sagrada Escritura, como Palabra de Dios, se hace presente para que podamos entablar nuestro diálogo con Aquel que nos ama con amor infinito, ya sea con los salmos, las antífonas o las lecturas (la primera de cada turno).
          Pero no para ahí, porque todas las demás oraciones que forman parte de nuestra Liturgia, y que están también en el Ritual, aunque en sí no se les atribuye la denominación de "Palabra de Dios", sin embargo tienen como fundamento aquello que creemos porque lo hemos descubierto al buscar a Dios en la Sagrada Escritura con fe firme y confirmada por la Iglesia.
          Por eso el adorador nocturno tiene que ir a la Sagrada Escritura, para encontrarse con la Palabra de Dios, encarnada en Jesús de Nazaret y hecha Presencia Santísima en la Eucaristía, donde el Señor nos acompaña amorosamente para guiarnos a la Patria Celestial.
          El adorador nocturno, si quiere conocer qué espera Dios de él, tendrá que buscar en la Sagrada Escritura.
Si quiere que alguien le hable del Señor a quien adora, canta, bendice, alaba y le da gracias, en cada vigilia y en el desarrollo de su vida, tendrá que ir a la Sagrada Escritura. Nuestro distintivo, con gran simbolismo así nos lo indica, cuando en la medalla al dibujo que simboliza la Eucaristía se le hace rodear de los símbolos de los cuatro evangelistas (ángel, águila, toro, león); porque la Sagrada Escritura nos habla de la Eucaristía y la Eucaristía nos envía a la Sagrada Escritura.

La Sagrada Escritura como verdad divina.

          Es doctrina de la Iglesia que todo lo que está en la Sagrada Escritura ha sido inspirado por Dios, y por consiguiente, infaliblemente verdadero.  Todos los libros que la iglesia recibe y propone como canónicos y sagrados han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo.

          En la manifestación de su bondad, Dios, para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas: "La Palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre, asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres" (DV 13).

          El tema central de la Biblia es Cristo Nuestro Señor. (Jn 5, 39) y nos enseña el camino de la salvación y toda obra buena. Por narrar la historia de la salvación, de ninguna manera pretende enseñar ciencias. Por tanto, "toda la Escritura al ser divinamente inspirada es útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y consumado en toda obra buena" (II Tim 3, 16-17).

          La Sagrada Escritura, inspirada por el mismo Dios y conservada con fidelidad y veneración por la Iglesia, contiene todos los elementos de la historia de nuestra salvación. Así como Cristo, Palabra de Dios hecha carne (Jn 1, 14), nos manifiesta el rostro de Dios (Cf. Jn 14, 9), así también, la Sagrada Escritura nos muestra a Cristo y de alguna forma nos comunica su acción, por ello se dice de la Escritura que es la Palabra viva de Dios: "eficaz y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu... y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón" (Hb 4, 12).

Preguntas de repaso:

          1)          ¿Seríamos adoradores verdaderos si no nos importara la Biblia?
          2)          ¿Contiene nuestro Ritual Sagrada Escritura?
          3)          ¿Quién ha inspirado la Sagrada Escritura?
          4)          ¿Quién es el tema central de la Sagrada Escritura?
          5)          ¿Para qué es útil toda la Escritura?



Algunas características del Adorador Nocturno.

-El Adorador nocturno, hombre o mujer, es entresacado por Dios de entre su Pueblo Santo para ser intercesor de sus hermanos.

-El adorador nocturno siente el gozo de estar con su Señor y Dios, en la Eucaristía, Nuestro Señor Resucitado, en tierna y amorosa compañía, una hora al mes, en su Vigilia ordinaria.

-El adorador nocturno, unido a Jesucristo Nuestro Señor, alaba y bendice al Padre; le canta, proclama su poder y gloria y agradece todo su amor que, en el Señor Jesús, en la Eucaristía, se nos da abundantemente.

-El adorador nocturno, cada mes, se presenta ante nuestro Dios Sacramentado y eleva hacia Él su suplica humilde, en grito silencioso, por las necesidades de sus hermanos en la Iglesia, sobre todo por sus pastores.

-El adorador nocturno confía en el Espíritu Santo, nuestro Señor y Dios. Se deja guiar por Él, para buscar su propia santidad y dar testimonio de amor entre sus hermanos. Es un evangelizador.

-El adorador nocturno trabaja con gozo y fuerza para fortalecer su Sección, tanto espiri-tual como materialmente, porque sabe que es semillero de vocaciones sacerdotales. Para muchos es el encuentro,  la llamada y el envío.

-El adorador nocturno es signo de amor en su comunidad. Ora por los que no oran; pide fortaleza para aquellos que también oran; Pide perdón por aquellos que maldicen y blasfeman. Pide por todos.

-El adorador nocturno se siente privilegiado en el amor de Dios. Acepta con temblor el llamado porque sabe que el Señor le necesita para trabajar con Él en la labor de instaurar el Reino de Dios en el mundo.

-El adorador nocturno, mujer u hombre, conocedor de sus limitaciones como ser humano, puede fallar. Por eso también suplica a sus hermanos en el Pueblo de Dios, su propia oración por él, para permanecer fiel a su Señor que le ha llamado en este camino de la Adoración Nocturna, al final del cual encontraremos a Dios.


La intención mensual

Mayo 2008
POR NUESTRAS MADRES


DEDICADO A LAS MADRES.

Los invito a tener presente  en sus vigilias, oraciones, rosarios, esta intención por las Madres, de modo especial por las Madres de los adoradores, por las Madres solteras, por las madres que viven solas, teniendo presente a María como Madre-Modelo de toda mujer, al orar, por esta intención, nos lleve, como adoradores a agradecer al Padre Dios el don de la Maternidad, y en este don al don de la VIDA.
          Pues siendo adoradores del Padre de la Vida, grave responsabilidad nuestra cuidar, proteger, defender la vida humana, en sus diferentes edades.
          El evangelio de Lucas recoge el momento en el que "alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo, dirigiéndose a Jesús '¡dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!' (Lc 11,27) Estas palabras constituían una alabanza para María como madre de Jesús, según la carne.
          Madre según la carne ("¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!"), pero también y sobre todo porque ya en el instante de la anunciación ha acogido la palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente a Dios, porque "guardaba" la palabra y "la conservaba cuidadosamente en su corazón" (cf. Lc 1, 38.45; 2, 19.51) y la cumplía totalmente en su vida.
          Si por medio de la fe  María se ha convertido en la Madre del Hijo que le ha sido dado por el Padre con el poder del Espíritu Santo, conservando íntegra su virginidad, en la misma fe  ha descubierto y acogido la otra dimensión de la maternidad,  revelada por Jesús durante su misión mesiánica.
          Se puede afirmar que esta dimensión de la maternidad pertenece a María desde el comienzo, o sea desde el momento de la concepción y del nacimiento del Hijo. Desde entonces era "la que ha creído".
          La madre de Cristo, encontrándose en el campo directo de este misterio que abarca al hombre a cada uno y a todos-, es entregada al hombre a cada uno y a todos- como madre,
          Así la que está presente en el misterio de Cristo como Madre, se hace por voluntad del Hijo y por obra del Espíritu Santo- presente en el misterio de la Iglesia.

¿Reconciliados? ¿Para qué?

          Reconciliarse es volver a estar de acuerdo con alguien; es retomar un camino perdido.
          Reconciliarse es volver a tener paz, ánimo, felicidad, porque otra vez hacemos las cosas bien.
          Reconciliarse es darse cuenta de la importancia de uno mismo, de lo mucho que valemos.
          ¿Con quién reconciliarse? ¿Porqué hemos de hacerlo? ¿Para qué?
          En el camino de la felicidad que Dios nos ha señalado desde nuestro bautismo para recorrer en nuestra vida, se nos van presentando obstáculos para transitar por él para llegar a Dios que nos ama. Esos obstáculos son el pecado.
          El pecado rompe nuestra relación con Dios. nos separa del camino que Dios nos señala.
          Pero también el pecado rompe nuestra relación con nuestros hermanos, ya sea con nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo o nuestros vecinos.
          Y es que la relación con Dios se ve en nuestra relación con los hermanos e inclusive con todo lo demás creado: los animales y las plantas, que están a nuestro cuidado.
          ¿Qué sucede con nosotros?
          Siendo Dios la fuente de toda felicidad y gozo,  si nos separamos de Dios por el pecado nos alejamos de lo que nos alegra, de todo lo que nos anima con valor para seguir adelante; nos llenamos de temores, dejamos de pensar correctamente y decimos que el mal que hacemos es bueno.          
          A pesar de todo, Dios es Padre bueno y amoroso con nosotros sus hijos e hijas. En su paso maravilloso por la tierra donde habitó entre nosotros y se ha quedado en la Eucaristía, ha puesto medios por los cuales podemos recuperar Su amor que hemos perdido.
          Uno de ellos es precisamente el sacramento de la Reconciliación; o como se decía antes, el sacramento de la penitencia, es decir, la confesión de nuestros pecados.
          Este tiempo de cuaresma nos invita a regresar a Dios y recuperar su amor, el amor de nuestros hermanos y la importancia de uno mismo y así retomaremos el camino.
          ¡ Motivo de alegría y felicidad! 
          ¡Vamos al encuentro del Resucitado, Él nos dará un abrazo al reencontrarlo y nos dirá cuánto nos ama!

                   El Señor Resucitado.

                   "...destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo." (Jn 2, 19)
         Y verdaderamente el Señor resucitó, y su triunfo es nuestro triunfo, su gloria es también nuestra. San Pablo insiste en su predicación que el Señor murió por nuestros pecados. Es su muerte la que nos ha recuperado la plenitud del amor de Dios; pero también insiste: "Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe".
         La resurrección del Señor es lo que da luz a su muerte y por eso reconocemos que por ella nuestra redención se realizó. Es verdad: el triunfo del Señor en su resurrección es triunfo nuestro.
         Y Resucitado sigue en la verdad: "No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes. Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán, pero ustedes me verán y vivirán porque yo vivo" (Jn 14, 18-19).
         Los cristianos, por nuestro bautismo, ya no somos "del mundo" y le seguimos mirando en la Eucaristía con ojos de fe; y porque Él vive con Vida eterna, nosotros vivimos porque participamos de esa Vida que es Él y que, como Hermano muy amado nuestro, nos la obsequia amorosamente cada vez que, en estado de gracia, nos acercamos a comulgar, participando en la Santa Misa.
         Y es que esa muerte que nos restaura en la comunión con Dios, permanece en el tiempo, hasta que Él venga, y obtenemos sus méritos cuando participamos en la celebración de la Santa Misa. No participar en este dinamismo divino que es la Misa es ir en contra de esa Verdad que es Jesucristo Nuestro Señor y entramos en la contradicción de tener fe y sin embargo la meta de esa fe no deseamos alcanzarla.
         Pascua es el tiempo de celebrar las maravillas que el Padre ha hecho por nosotros con la muerte y la resurrección del Hijo. Es el tiempo de gozar y cantar jubilosos que el Señor muerto y resucitado, estando ya "a la derecha del Padre", sigue con nosotros en el mundo, permaneciendo en la Eucaristía, desde donde nos llama, como hace dos mil años llamó a los doce, para instruirnos, alimentarnos y enviarnos, y que, junto con Él, logremos la transformación del mundo y hacer partícipes de los dones celestiales a todo hombre y mujer de la nueva creación, inaugurada por el Señor y sostenida por Él mismo desde la Eucaristía.
         La culminación de estas maravillas se dará cuando en Pentecostés también nos gloriemos de la presencia iluminadora del Espíritu Santo, "Señor y dador de Vida".
         Entonces, como hace dos mil años Pedro y los demás, obtendremos el valor para proclamar con fuerza: "Lo que ocurre es que se ha cumplido lo que dijo el profeta Joel: <en los últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre todo hombre y profetizarán sus hijos y sus hijas... Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará>" (Hch 2, 16-17a; 21) "sepan, pues, con plena seguridad que Dios a constituido Señor y Mesías a este Jesús..." (Hch 2, 36).      
         Este Señor y Mesías es el Señor de la Eucaristía. El Resucitado. A Él la gloria sin fin. 


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La novedad del Misterio Pascual

          El misterio pascual es presentado a nosotros por la Iglesia como el mayor don otorgado por Dios a los seres humanos, pues en él se realiza nuestra redención traída por la persona del Hijo. Por ello la mayor gloria, el hecho más maravilloso que le puede suceder a cualquier hombre o mujer de cualquier tiempo y espacio en el mundo es participar en la Santa Misa.
          Esto es válido para todos, pero solo los cristianos lo podemos entender, particularmente aquellos que tenemos el don de ser católicos.
          Participar en la Misa es participar de la muerte del Señor en la Cruz, porque en ella el Señor, al dar su vida, la da para que nosotros la adquiramos y con ello ser agradables al Padre. Igualmente participamos de la esperanza de la resurrección porque Él ha resucitado: su triunfo es nuestro triunfo.
          Para mantener esa donación amorosa de la Vida, el Resucitado se queda con nosotros en la Eucaristía. Él hace latir nuestro corazón y abre nuestro entendimiento al explicarnos la Escritura en la Liturgia de la Palabra, como en Emaús, para luego entregarse como Trigo y Vino santísimos para fortalecernos en nuestro camino de misión en el mundo, rumbo a la Patria definitiva, transformados en seres de calidad divina porque el Señor acepta nuestra entrega humilde y nos hace suyos.
          Esto significa, siempre, buscar al Señor Jesús, escucharlo, unirnos a Él y aceptar su dirección. Nos dirá que le busquemos en los necesitados, en los débiles, en los desorientados y en la creación entera y hacerlo conocer por nuestro testimonio; pero, sobre todo, buscarle en la Eucaristía y celebrar con Él todo eso que nos salva en la Santa Misa, alabando al Padre quien todo merece.
          En la pasada Asamblea del Sínodo de los Obispos una de las Proposiciones presentada al Papa Benedicto XVI, para la elaboración del documento final dice lo siguiente:

          "Al instituir la Eucaristía, Jesús creó una novedad radical: cumplió en sí mismo la nueva y eterna alianza. Jesús inscribe, en el contexto de la cena ritual judía, que concentra en el memorial el acontecimiento pasado de la liberación de Egipto, su importancia presente y la promesa futura, su entrega total. El verdadero cordero inmolado se sacrificó de una vez por todas en el misterio pascual y es capaz de liberar para siempre al hombre del pecado y de las tinieblas de la muerte. El Señor mismo nos ofreció los elementos esenciales del "culto nuevo". La Iglesia, en cuanto esposa y guíada por el Espíritu Santo, está llamada a celebrar el Convite Eucarístico, día tras día, "en su memoria". Inscribe el sacrificio redentor de su Esposo en la historia y lo hace presente sacramentalmente en todas las culturas. Este "gran misterio" se celebra en las formas litúrgicas que la Iglesia, iluminada por el Espíritu Santo, desarrolla en el tiempo y en el espacio.
          En la celebración de la Eucaristía, Jesús, sustancialmente presente, nos introduce mediante su Espíritu en la pascua: pasamos de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad de la tristeza a la alegría. La celebración de la Eucaristía refuerza en nosotros este dinamismo pascual y consolida nuestra identidad. Con Cristo, podemos vencer el odio con el amor, la violencia con la paz, la soberbia con la humildad, el egoísmo con la generosidad, la discordia con la reconciliación, la desesperación con la esperanza. Unidos a Jesucristo, muerto y resucitado, podemos llevar cada día su cruz y seguirlo, con vistas a la resurrección de la carne, siguiendo el ejemplo de los mártires de la antigüedad y de nuestros días. La Eucaristía, como misterio pascual es prenda de la gloria futura y de ella nace ya la transformación escatológica del mundo. Celebrando la eucaristía, anticipamos esta alegría en la gran comunión de los santos."

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¡Adorado sea el Santísimo Sacramento ¡ ¡Ave  María Purísima!
          ADORACION NOCTURNA MEXICANA
Consejo Superior Arquidiocesano de México




       INFORME

QUE PRESENTA EL HNO.

RUBÉN ROBLES MONGE

  PRESIDENTE DEL CONSEJO SUPERIOR ARQUIDIOCESANO,

EN SU EJERCICIO DEL PERÍODO 2007-2008


México, D. F
Abril 2008.

                    A mi Señor Resucitado,
                    Jesús Eucaristía,

                    A mis pastores,

                    A mis hermanos y hermanas, adoradores,

                    A Todo el Pueblo de Dios.








          Junto a mi dulce Madre,
          Santa María de Guadalupe.

27 de abril 2008

EMMO. SR. CARDENAL NORBERTO RIVERA CARRERA
SRES. OBISPOS AUXILIARES Y VICARIOS EPISCOPALES,
R. P. JOSÉ ISAAK ALTAMIRANO, M. Sp. S.
MONS. PEDRO AGUSTÍN RIVERA DÍAZ,
DIRECTORES ESPIRITUALES DE SECCIÓN,
PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS,
HNO. FRANCISCO LUNA AYALA,
HNO. FRANCISCO CEA VEGA,
HERMANOS Y HERMANAS, ADORADORES,
AL PUEBLO DE DIOS EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO.


¡Qué bueno es cantar himnos a nuestro Dios!
¡A Él se le deben dulces alabanzas!
El Señor reconstruye a Jerusalén
y reúne a los dispersos de Israel.
Él sana a los que tienen roto el corazón,
y les venda las heridas.
El Señor levanta a los humildes,
y su inteligencia es infinita.

(Sal.147)

          Amadísimos Padres, queridos hermanos:

          A dos años que cumplo en el servicio que Dios me ha llamado para dirigirlos, hermanos y hermanas adoradores, activos, honorarios, honorarias, tarsicios,  inesitas, debo dar gracias a nuestro Señor y Dios Espíritu Santo porque con su guía amorosa he sabido sostenerme en esta labor, a veces difícil e insegura, y que, contando con el alimento fortalecedor de mi Señor Jesús en la Eucaristía, Pan de los Peregrinos,  un servidor y ustedes hemos querido dar la gloria merecida a quien es el Amor por excelencia, el Padre Celestial.
          La Adoración Nocturna es una comunidad de hombres y mujeres, chicos y grandes, señalada por Dios de entre su Pueblo Santo para participar de manera activa y creadora en la Iglesia, básicamente  mediante la oración.
          La actividad de la Adoración Nocturna tiene cuatro características que la adornan y que, a lo largo de estos dos últimos años hemos querido, junto con mis hermanos y hermanas adoradores, resaltar y fortalecer.
          Quiero dar una breve reseña de esas cuatro características distintivas en que se sustenta la Adoración Nocturna.
          
          Es