Hablar de los Estatutos para muchos es de poca importancia, a pesar de que ellos dan orden y organización a nuestra vida de adoradores. Muchos, para evadir su cumplimiento, promovieron hace algún tiempo la idea de que ya eran "obsoletos", es decir anticuados y sin valor, para indicar que por serlo ya no eran aplicables a nuestra obra y por ello cada quien podía hacer lo que creyera conveniente, sobre todo en la celebración de las Vigilias.
De hecho poco se conocían los Estatutos entre los adoradores, hombres y mujeres, inclusive entre directivos de Consejos Superiores; y aún siguen bastante desconocidos, a pesar de que desde el Consejo Nacional, por indicaciones de nuestro Director Espiritual Nacional, el P. José Isaak Altamirano, se pidió que se revisaran y se reflexionara sobre ellos para analizar su revisión si fuera necesario. El plan fundamental era de que se leyeran y se meditara sobre ellos, y buscar conformar nuestra vida de adoradores según se indica, independientemente de que sea necesaria su revisión o actualización.
¿Qué son los Estatutos?
Fundamentalmente los Estatutos son un servicio que la autoridad ofrece al Pueblo de Dios que peregrina por el camino de la Adoración Nocturna y que se otorga en la caridad y en la verdad.
Estos dan idea de algo que se establece como norma, regla, ley, indicación, regulación, criterio, referencia; pero también como convenio, solidaridad, compañerismo, ayuda, comunión.
Algunos, pensando negativamente, piensan en términos de rigidez, opresión, esclavitud, dominio, exigencia, estrechez, falta de visión, cerrazón, encajonamiento, etc.
Para muchos, pensar en los estatutos, significa falta de libertad o de creatividad; algo imposible de llevar a cabo por simples seres humanos, porque sería una carga muy pesada.
Sin embargo, cumplir con los estatutos es aún más fácil que cumplir con la exigencia plena del Evangelio, manifestado por la doctrina de la Iglesia. La diferencia está en que no se hace mucho caso a la doctrina evangélica y los estatutos se están invocando cada vez que se quiere regular la vida de la Adoración Nocturna.
Y es más fácil, porque sólo es un resumen o un extracto de la doctrina de la Iglesia, apropiado y necesario para cumplir nuestra vida de adoradores. Desde luego, sin violentar o corromper esa doctrina. De aquí que nuestra actividad como adoradores, siempre estará vigilada por nuestros pastores en la Iglesia.
¿Para qué los Estatutos?
Los Estatutos se establecen para regular nuestra vida en conjunto; nos hermanan y nos hacen solidarios con los demás adoradores, tanto los más cercanos como los más distantes y también con nuestras autoridades tanto laicas (Presidentes Nacional, Diocesano, de Sección) como eclesiásticas (Director Espiritual, Nacional, Diocesano, de Sección), pero, en última instancia buscan establecer una correcta comunión entre nosotros y Dios.
Igualmente nos protegen de caer en la tentación de promover costumbres y actitudes que no estén en la correcta disciplina que nos indica la Iglesia, ya que sus normas han sido aprobadas por la autoridad eclesiástica.
Adentrarse en los Estatutos es buscar cómo y cuánta es nuestra propia grandeza de adoradores; darnos cuenta del llamado que por amor, Dios nos ha hecho y conocer todo lo que Él espera de nosotros para promover, como discípulos y misioneros, fundamentalmente mediante la oración intercesora por nosotros y por los demás, el conocimiento de Aquel que es Camino, Verdad y Vida, Jesucristo Nuestro Señor, el Resucitado de la Eucaristía.
Los Estatutos hacen de nosotros una gran familia, donde reina el amor, donde reina Dios. La expresión "hermanos" con que nos tratamos manifiestan esta comunión familiar, donde el padre es Dios mismo. Con ellos se busca establecer una condición de estabilidad, de paz y de orden y evitar algún confrontamiento por nuestras diferentes manera de pensar.
Fundamento de los Estatutos
El Código de Derecho Canónico es el conjunto de leyes formuladas para regular la vida humana y material de la Iglesia. Fundamentado en el Evangelio es expresión viva de lo que Dios espera de nosotros en nuestra vida de cristianos.
Sin tratar de profundizar demasiado, para fundamentar nuestros Estatutos, de este Código podemos tomar tres cánones (o sea artículos), que nos ayudan a comprender mejor muestra reflexión.
El canon 94, Párr. 1, nos dice:
"Estatutos, en sentido propio, son las normas que se establecen a tenor del derecho en las corporaciones o en las fundaciones, por las que se determinan su fin, constitución, régimen y forma de actuar".
Aquí se nos indica que los estatutos son la normas establecidas según las leyes (derecho) correspondientes, que en este caso son las leyes de la Iglesia y con ellas se indica el fin que se persigue, cómo se organizan y las indicaciones de cómo actuar en bien de una corporación o sociedad o fundación, como es nuestra obra.
En el canon 304, Párr. 1, leemos:
"Todas la asociaciones de fieles, tanto públicas como privadas, cualquiera que sea su nombre o título, deben tener sus estatutos propios, en los que se determine el fin u objetivo social de la asociación, su sede, el gobierno y las condiciones que se requieren para formar parte de ellas, y se señale también su forma de actuar, teniendo en cuenta la necesidad o conveniencia del tiempo y del lugar".
Canon 314:
"Los estatutos de toda asociación pública, así como su revisión o cambio, necesitan la aprobación de la autoridad eclesiástica a quien compete su erección..."
Cumpliendo con esta ley de la Iglesia, la Adoración Nocturna Mexicana tiene sus propios estatutos dende se puede encontrar todo lo indicado por el Código de Derecho Canónico, manifestado en estos cánones.
De hecho, para considerar la existencia de de una asociación de fieles, por la autoridad eclesiástica, se pide que presenten sus estatutos para tomarla en cuenta como asociación de Iglesia.
El tomar en cuenta el Código de Derecho Canónico para nuestro estudio, es con el fin de que entendamos que los Estatutos no son exigencias del capricho de alguien que tiene autoridad, sino que son la respuesta de la Adoración Nocturna a las necesidades de la Iglesia, para mantener su fortaleza, dignidad y honra, lo que también vale para cada uno de nosotros como adoradores.
Composición de los Estatutos.
Nuestros Estatutos contienen 201 artículos, organizados en 20 capítulos, además de los reglamentos para veteranos y tarsicios y algunas instrucciones sobre la bandera y los distintivos que usamos y otras indicaciones secundarias.
En ellos se regula la existencia de la Adoración Nocturna Mexicana a todos los niveles. Se va guiando y aconsejando, tanto a directivos como a los adoradores comunes, desde la fundación de una Sección hasta su declaración de "suspenso" si existiera necesidad de ello, pasando por la explicación de su objetivo y los fines que persigue y el gobierno que debe mantener.
Como iluminadores están el Art. 1, que nos habla de la fundación de nuestra obra y sus fines; y el último, el 201, que nos habla de nuestra libertad para escuchar el llamado de Dios o no hacerlo, como adorador nocturno, siempre y cuando no se violenten dichos estatutos y no se escandalice a la comunidad.
No olvidemos que la Adoración Nocturna se concibe como una gran familia, hermanada en el Amor que tiene a Dios como Padre bueno, santo y justo y que si nos honramos de pertenecer a ella, nuestro compromiso es cumplir con esas normas y reglas de amor que son los Estatutos, sobre todo a quienes Nuestro Señor les ha dado el don de la autoridad como son los Presidentes de las tres clases ya mencionadas.
Por eso debemos conocerlos lo más que podamos entendiendo que su cumplimiento es manifestación de algo querido por Dios y que para ello el mismo Señor nos guía y nos cuida y se adelanta en nuestro camino hacia Él en nuestro actuar dentro de la Adoración Nocturna.
El cumplimiento de los Estatutos no es una carga pesada sino que es para nosotros motivo de un santo orgullo y que si se nos hace pesada es porque no hemos adquirido la habilidad, pericia y costumbre de vivir en ellos y con ellos. Cuando adquirimos la experiencia de manejar algo, como sería un automóvil, todo se nos hace fácil y contemplamos con alegría y gozo nuestra habilidad.
Por otra parte siempre invocamos el auxilio del Señor Jesús para cumplir nuestros deberes de adoradores de forma correcta, cuando, al ponernos nuestro distintivo le decimos "Tu yugo es suave, Señor. y tu carga ligera..." y enseguida le suplicamos "...danos tu gracia para llevarlo dignamente". Con esta petición, que nos honra y fortalece, suplicamos a nuestro Dios Sacramentado el ánimo y, por tanto la alegría, para vivir con dignidad nuestra condición de adoradores celebrando nuestra Liturgia en nuestras vigilias y cumpliendo con lo indicado por nuestros Estatutos.
A continuación se presentan todos los artículos que contienen nuestros Estatutos, con un breve comentario que sirve para ayudar a su mejor comprensión.
Si posteriormente hubiera un revisión o modificación, este estudio nos hará conocer mejor lo que se nos presente, y también se harán los comentarios correspondientes.
Se irán colocando conforme Dios y el tiempo lo dispongan. Suplico su oración para que el ánimo con que lo he iniciado no decaiga.
Con la alegría de la presencia santa del Resucitado en la Eucaristía,
Esta Institución, fundada en México el 28 de enero y se inauguró el 4 de febrero de 1900 como Cofradía radicada en el Templo de San Felipe de Jesús de la ciudad de México, fue agregada canónicamente a la Venerable Archicofradía de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, de Roma, el 5 de mayo de 1904 y elevada y constituida como Archicofradía con facultades a su Consejo Nacional para agregarse a otras cofradías del mismo nombre y estatutos el 29 de junio de 1913, por el Papa San Pío X. Tiene por objeto hacer guardia y oración durante las horas de la noche a Cristo Nuestro Señor Sacramentado, en reparación y desagravio de los ultrajes que le prodiga la humanidad y su ley suprema es la caridad y el amor mutuo entre todos los hermanos. Es una asociación católica sujeta en todo a la autoridad de la Jerarquía Eclesiástica y de carácter puramente piadoso que consiste, como su nombre lo indica, en adorar de noche a Jesús Sacramentado; no es ni más ni menos que esto, no tiene otros fines ni debe hacer otra cosa que adorar de noche al Santísimo Sacramento del Altar.
Su Órgano Oficial único es: "La Semilla Eucarística" editada mensualmente por el Consejo Nacional.
Comentario
La primera parte de este artículo habla de la fundación de la Adoración Nocturna Mexicana, en aquel entonces "Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento". Su fundación fue el 28 de enero y su inauguración a la siguiente semana , el 4 de febrero de 1900. Siempre decimos que su fundación fue el 4 de febrero, pero no olvidemos que la primera etapa de la existencia de una sección es su fundación y la segunda, su existencia legal y pública, es su inauguración que es donde se hace el recibimiento y la consagración de los adoradores, (imposición de distintivos), con el ceremonial indicado en nuestro Ritual.
Su agregación a la Archicofradía Romana, para gozar de las mismas indulgencias y privilegios, se realizó el 5 de mayo de 1904.
Con el fin de que las nuevas secciones que se erigieran posteriormente pudieran gozar de los beneficios, privilegios e indulgencias concedidas por la Santa Sede a la Sección de San Felipe de Jesús de la ciudad de México, ésta fue elevada y constituida como Archicofradía, con facultades a su Consejo Nacional para recibir a las nuevas secciones hermanas, el 29 de junio de 1913, tal como se establece por el "Breve de Su Santidad San Pío X"
La segunda parte habla del objetivo fundamental de la Adoración Nocturna. El adorador se consagra para ser un hombre o mujer de oración para suplicar la caridad divina en bien de sus hermanos, a nivel universal, particularmente de aquellos que fomentan y realizan el mal y rompen su relación con Dios cometiendo el pecado. Esta condición hace del adorador nocturno, hombre o mujer, un intercesor, entresacado por Dios mismo de su Pueblo Santo para que como miembro de la Iglesia, con la Iglesia y en la Iglesia suplique el perdón que todos necesitamos pero más aún aquellos que están alejados del Señor.
Una característica fundamental es nuestra sujeción u obediencia absoluta a la Jerarquía Eclesiástica, es decir al Papa, a los Obispos y a los Presbíteros, siendo estos últimos los que nos acompañan como Directores Espirituales en nuestras secciones.
Con respecto al carácter piadoso de nuestra obra de oración frente a Nuestro Señor Sacramentado, el artículo establece una frase de apariencia absoluta: "no es ni más ni menos que esto...".
Esta frase no debe tomarse como algo que limita nuestra actividad de cristianos, hombres y mujeres de Iglesia, discípulos y misioneros del Señor que nos ha llamado. Con esta indicación debemos entender que, específicamente como adoradores, nuestra actividad es solamente la oración frente al Señor en la Eucaristía y que no debemos usar el nombre honorable de la Adoración Nocturna para actividades diferentes de su objetivo. Esta parte de este artículo hizo que la Adoración Nocturna no participara como defensora de la Iglesia en los años de la persecución religiosa y, sin embargo muchos adoradores fueron "cristeros", pero por decisión propia, sin manifestar explícitamente su pertenencia a la Adoración Nocturna. A lo largo de la exposición de los artículos de nuestros Estatutos, encontraremos otras indicaciones que dan mayor luz a estas explicaciones.
Por otra parte el adorador ha sido llamado por el Señor de manera similar a como hace dos mil años llamó a los apóstoles: no los llamó para que lo contemplaran simplemente sino para prepararlos y enviarlos al mundo en su nombre, los llamó para construir una relación de amor entre Dios y nosotros.
Esta relación de amor se construye ahora, en este camino de la Adoración Nocturna, con la oración ante Nuestro Señor Sacramentado, con humildad, y con la mente y el corazón abiertos, dispuestos a escuchar las indicaciones del Señor, y se construye para los mismos fines: el envío de nosotros para realizar la transformación del mundo, ordenando y dirigiendo todas las cosas creadas hacia Dios, particularmente a hombres y mujeres para que descubran que Dios es Amor, actividad realizada con nuestro testimonio de vida, como dice el artículo, con "el amor mutuo entre todos los hermanos" como ley suprema.
La Adoración Nocturna Mexicana cuenta con su órgano oficial de información, la revista mensual que se llama "Semilla Eucarística". Todos los adoradores deben contar con esta revista donde se da información concerniente a la vida de la Adoración Nocturna en nuestro país y se procura fortalecer la espiritualidad del adorador. Todos los dirigentes de las secciones están obligados a promover y difundir la Semilla Eucarística, aún entre quienes no son adoradores.
Art.2.-
La Adoración Nocturna Mexicana, con el fin ya expresado, se forma o compone de las Cofradías, sin número limitado, establecidas o por establecerse en lo futuro en todas las parroquias de cada una de las poblaciones del territorio nacional. Se designa a cada una con el nombre de "Sección", porque forman parte del todo, que se denomina "Adoración Nocturna Mexicana" ; pero cada Sección es una verdadera Cofradía Parroquial que consta de Turnos y éstos de adoradores.
La "Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento" es una en todo el mundo, su Archicofradía Matriz o sea la Prima Primaria está en Roma. En México es una institución nacional, una sola familia, un solo cuerpo, que ostenta en estos caracteres su principal belleza; todos los miembros que forman parte de esta familia, desean la unidad de aspiraciones, de práctica, de lenguaje, de vida, de todo. Estas santas aspiraciones están expresadas en los lemas de la propia Bandera: "Sacramentum pietatis. Signum unitatis. Vínculum caritatis"; Sacramento de piedad, Signo de unidad, Vínculo de caridad. Por eso los adoradores nocturnos solo deben tener un ideal: Cristo Sacramentado; una ley: los estatutos; un uniforme: el distintivo nacional; una Bandera: la que juramos al ser recibidos en la Archicofradía de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento.
Comentario
El artículo expresa el deseo de que en cada Parroquia de nuestro país se establezca la Adoración Nocturna.
"Cofradía" es un grupo formado por "cofrades", palabra que quiere decir hermanos. Esta palabra se usa para significar solidaridad, unidad, compañerismo, apoyo mutuo, que son características de los hermanos que se unen para llevar a cabo un proyecto, que en nuestro caso es religioso.
A pesar de que el nombre de Cofradía es correcto, los adoradores debemos llamarlas "Secciones" como se indica en el artículo, para mostrar más claramente y con mayor énfasis nuestra pertenencia a un todo que es la gran familia de la Adoración Nocturna Mexicana y no de otra manera.
De aquí sale la expresión "hermanos" que es la forma en que nos señalamos unos a los otros en nuestra relación como adoradores, palabra que debemos darle el honor que merece porque, finalmente somos hijos de un mismo Padre que es Dios.
La segunda parte del artículo expresa la unidad de la Adoración Nocturna en todo el mundo, cuyos fines y objetivos son los mismos; En diversos países en el mundo existe la Adoración Nocturna y sus fines y objetivos son los mismos, con algunas variantes, según las costumbres y condiciones de cada uno, pero la Sección Madre está en Roma que se le denomina "Prima Primaria". La belleza de nuestra obra es su unidad de aspiraciones, de práctica, de lenguaje, de vida, una misma fe, un solo Señor: Cristo Sacramentado
Estos ideales se desean expresar con las frases con que se adornan nuestras banderas como proclamación que nos anima a ser adoradores dignos, unidos, hermanados, es decir en comunión con Nuestro Señor Jesús Sacramentado.
San Agustín exclama: «O sacramentum pietatis! O signum unitatis! O vinculum caritatis!» («¡Oh sacramento de piedad, oh signo de unidad, oh vínculo de caridad!»).
Ante las divisiones de la Iglesia se hacen apremiantes las oraciones al Señor para que lleguen los días de la unidad completa de todos los que creen en Él.
Pero para ello se necesita antes la oración de aquellos que creemos en Él y nos hermanamos, viviendo la comunión entre nosotros y con el Señor, como testimonio de amor, como lo somos los adoradores nocturnos.
Y así también nosotros exclamamos, ante el Señor Jesús en la Eucaristía ¡Oh Sacramento de piedad! para que nos inspire, por el amor a Él, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión.
¡Oh signo de unidad¡ Porque quien es la razón de nuestra unidad y solidaridad es exclusivamente Él, porque comemos su Cuerpo y bebemos su Sangre y estando unidos nosotros, manifestamos en el mundo la unidad del Padre con el Hijo y con el Espíritu Santo.
¡Oh vínculo de caridad! ¡Vínculo de Amor! A los adoradores nocturnos nos une el Señor entre nosotros y con Él con lazos de amor, indestructibles, sólo rotos por el pecado,
Así expresa este artículo nuestro ideal: ante todo el Señor Jesús Sacramentado y luego todo lo demás, como se indica.
Art. 3.-
Todas las Secciones Adoradoras Nocturnas de la Nación estarán sujetas a los presentes Estatutos, prestando obediencia a la Jerarquía que los mismos establecen para formar una gran familia eucarística que se denomina "Adoración Nocturna Mexicana".
Comentario
El artículo establece con claridad que todas las Secciones de la adoración Nocturna están sujetas, es decir deben obedecer, a todas las indicaciones de los Estatutos y recalca la obediencia a nuestros pastores como se indica ya desde el Art.1, unidos como una gran familia, la "Adoración Nocturna Mexicana".
Art. 4.-
El lema o señal oficial de la Adoración Nocturna Mexicana, con el cual deberá encabezar todos sus documentos y principiar todos sus actos es: ¡Adorado se el Santísimo Sacramento' ¡Ave María Purísima¡
Comentario
Como conclusión de lo expresado por los artículos anteriores se llega a las exclamaciones que se indican y que muestan nuestra calidad de adoradores del Resucitado en la Eucaristía.
La primera parte quiere significar nuestro rendimiento absoluto al Señor Sacramentado en el Pan Consagrado. Es una proclamación que se debe hacer con honor y con convencimiento de la presencia santa del señor Jesús en el Santísimo Sacramento, la Eucaristía.
Más que con palabras, será con nuestra vida que daremos el énfasis y la fuerza de esta exigencia hacia nosotros mismos, de la adoración que se debe a la presencia divina.
Con la segunda parte, queremos dar alabanza a nuestra Madre, la Virgen María, celebrando la especial predilección de Dios para ella, de guardarla de todo pecado, para el bien de todos nosotros, porque de ella nacería Dios mismo.
Entendiendo bien el artículo, estas expresiones se harán al principio de nuestros actos solamente. No es correcto decirlas cada vez que hablamos en nuestras reuniones, porque entonces se vuelve rutinario y sin vida. El Catecismo de la Iglesia Católica expresa en uno de sus párrafos que "no se debe familiarizar con las cosas santas" queriendo explicar que dichas cosas no se deben volver sólo una costumbre de decirlas por decirlas. Como el artículo dice, basta con que se digan al iniciar nuestros actos. Ya nuestro ritual las introduce en nuestras Preces para la Celebración de Juntas.
GOBIERNO DE LA
ADORACIÓN NOCTURNA
Art. 5.-
La Adoración Nocturna Mexicana, como hija de la Iglesia Católica profesa obediencia y adhesión inquebrantable al Vicario de Cristo, el Papa, al Episcopado Mexicano, y a sus representantes inmediatos los Directores Espirituales.
Los grados de la Jerarquía encargada del gobierno de la Corporación son:
I.- Asamblea Nacional.
II.-Consejo Nacional.
III.-Consejo Superior (Arquidiocesano o Diocesano)
IV.-Consejo Directivo de Sección.
Todos lo grados de esta Jerarquía tendrán por oficio cumplir y hacer cumplir a sus subordinados estos Estatutos, en los términos que en ellos se establecen y con formas de la más exquisita prudencia, caridad y justicia, pero con decisión inquebrantable.
Comentario
A lo largo de todos los Estatutos encontraremos recalcadas las indicaciones de "obediencia y adhesión inquebrantable" a nuestros pastores, desde el Papa hasta el más humilde y sencillo presbítero Director Espiritual.
Ello se debe a la especial relación con Dios y con la Iglesia que ellos tienen como consecuencia de su consagración por el sacramento del Orden Sacerdotal.
No debemos buscar en ellos conocimientos del mundo por algún conocimiento universitario o de alta tecnología, aunque algunos sí los tengan. Ellos son nuestros guías en el camino hacia Dios y por ello, sobre todo nosotros como adoradores, debemos pedir al Señor les de la fortaleza para que cumplan su labor santamente. Nosotros, el Pueblo de Dios, somos responsabilidad de ellos, tienen que dar cuentas a Dios de nosotros; pero también, inversamente, ellos son responsabilidad nuestra, lo que cumplimos con nuestra oración por ellos y con nuestra obediencia y solidaridad y ayuda tanto materialmente como en las necesidades de su labor pastoral.
En cuanto a los grados de la jerarquía encargada del gobierno de la Adoración Nocturna Mexicana, diremos que, según el espíritu de los Estatutos, La Asamblea Nacional sólo tiene funciones de decisión; los Consejos Nacional, Superior Arquidiocesano (o Diocesano) y de Sección tienen también funciones de supervisión, cada uno a su nivel. Para llegar del grado mayor al menor, y viceversa, sólo es posible, guardando el orden jerárquico.
Aunque el Consejo Nacional tiene funciones de supervisión inclusive sobre los Consejos de Sección y aún sobre los simples adoradores, cualquier recomendación se hará por la vía correcta, dirigiéndola al Consejo Superior correspondiente quien tomará la decisión apropiada.
Un simple adorador desde su Sección puede llegar al Consejo Nacional, pero por intermediación de su Consejo De Sección y éste, a su vez, por medio de su Consejo Superior.
Guardar el orden indicado por nuestros Estatutos es un honor para los adoradores, porque es cuestión de disciplina y obediencia y orden. No olvidemos que la Adoración Nocturna siempre ha sido escuela de estas virtudes.
El artículo también hace notar que, en todos los niveles, para quienes tienen el don de la autoridad otorgado por Dios, su deber es cumplir y hacer cumplir los Estatutos con actitudes de amor y solidaridad, para nuestros hermanos, sobre todo con los más humildes y sencillos, pero "... con decisión inquebrantable.", es decir con firmeza y conocimiento.
No olvidemos que el Señor ha puesto a los dirigentes para guiar hacia Él a esa porción de su Pueblo Santo que forman sus secciones y del cual tienen que darle cuentas al final de su vida, aunque lleguen a ese final aún habiendo renunciado a la Adoración Nocturna..
Nada es más grato a nuestro corazón, como el que se vigorice el espíritu de los fieles por el ejercicio de actos de amor y obsequio a la Divina Eucaristía, de donde brota la caridad de Cristo como de su misma fuente y procede con abundancia el alimento que da vida al espíritu.
Así pues, con gran alegría hemos recibido la noticia de que la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, establecida en la ciudad de México, en la Iglesia Nacional de San Felipe de Jesús, llamada vulgarmente "Templo Expiatorio" ha producido tan abundantes frutos, por el celo de mis hijos, los Operarios Diocesanos, que este piadoso ejercicio ya se practica en muchas poblaciones de la nación mexicana, habiéndose erigido en todas ellas otras cofradías con el mismo nombre y fin.
Ahora bien, estando la antes dicha Cofradía de la Ciudad de México debidamente agregada a la Archicofradía Romana desde el día 5 de mayo de 1904, y siendo muy difícil, consideradas las particulares circunstancias de aquella República, recurrir a Roma para que las demás Cofradías que se erijan posteriormente gocen de semejante agregación, absolutamente necesaria para ganar las indulgencias, nuestro amado hijo, el Rector de la misma Iglesia Nacional, muy encarecidamente suplicó a Nos que la Cofradía de la misma Iglesia fuese elevada a Archicofradía, con facultad de poder agregarse a ella otras Cofradías.
Nos, aceptadas las letras de recomendación del Venerable Hermano, Arzobispo de México, corroboradas con la anuencia de Nuestro Delegado de esta Santa Sede Apostólica en aquella República, movidos por el gran deseo de fomentar la piedad, en cuanto nos sea posible, hacia la Divina Eucaristía, con gusto atendimos las preces del laudable Rector.
Así es que, por las presentes letras, con Nuestra Autoridad Apostólica, erigimos, elevamos y constituimos en Archicofradía a la Cofradía de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento establecida canónicamente en la Iglesia Nacional de San Felipe de Jesús de México, y la adornamos de los privilegios y gracias de que goza esta Archicofradía Romana. Además, con Nuestra misma Autoridad, por las presentes concedemos a los Directores y Subdirectores y sus sucesores, de esta Archicofradía erigida por Nos, que tengan facultad para agregar a la suya otras cofradías del mismo nombre y estatutos que existan en la actualidad, y se erijan en adelante, dentro de los límites de la Nación Mexicana; guardadas las formas de la Constitución del Papa Clemente VII, nuestro predecesor de feliz memoria y otras ordenaciones apostólicas publicadas después, y a la vez puedan concederles todas y cada una de las indulgencias y absolución de pecados y dispensas de penitencias concedidas por la Santa Sede Apostólica a la misma Archicofradía, con tal de que sean de las que puedan concederse.
Asimismo, queremos y mandamos en estas Nuestras Letras, se tengan como aprobadas y establecidas y así en lo sucesivo; y declaramos nula y de ningún valor cualquier autoridad, no obstante las constituciones y ordenaciones apostólicas, aún las dignas de especial mención y estimación y otras cualesquiera que establezcan lo contrario.
Dado en Roma junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día 29 de junio de 1913, décimo de Nuestro Pontificado.
POR MEXICO: QUE SE VIVA EN LA SEGURIDAD, LA UNION, LA JUSTICIA Y LA PAZ.
De la Carta Pastoral del Episcopado Mexicano “Del encuentro con Cristo a la solidaridad con todos”.
66. Vivimos como Nación una situación de cambio profundo y complejo en todos los aspectos de la vida social y en todos los rincones del país, que da origen a una nueva cultura y a un nuevo estilo de vida.
67. Se trata de un profundo anhelo de millones de mexicanos deseosos de crecer al interior de una cultura de la vida que fortalezca instituciones democráticas y participativas, fundadas en el reconocimiento de los derechos humanos y en los valores culturales y trascendentes de nuestro pueblo.
Cultura e instituciones construidas con la participación solidaria de todos, que sean salvaguardadas por las organizaciones representativas y subsidiarias llamadas a crear las condiciones reales que permitan una vida digna para todos. Esto supone una educación integral basada en el respeto a la persona humana y a la cultura, que incremente la responsabilidad y participación ciudadanas.
68. Haciendo una lectura serena de nuestra historia, creemos que nos encontramos en el tiempo oportuno para reconocer y asumir que la Nación está integrada por algunas realidades que en ocasiones se han contrapuesto o ignorado.
Estas realidades requieren de una integración adecuada que consolide la justicia y la paz social y nos permita responder a los desafíos del nuevo milenio.
El Papa Juan Pablo II las señaló con precisión durante su cuarta visita pastoral:
“Llego a un país cuya historia recorren, como ríos a veces ocultos y siempre caudalosos, tres realidades que unas veces se encuentran y otras revelan sus diferencias complementarias, sin jamás confundirse del todo: la antigua y rica sensibilidad de los pueblos indígenas que amaron Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, a quienes muchos de estos pueblos siguen llamando padres; el cristianismo arraigado en el alma de los mexicanos, y la moderna racionalidad de corte europeo que tanto ha querido enaltecer la independencia y la libertad”.
69. Para superar la permanente tentación de la confrontación y la violencia, que nos ha marcado en algunos momentos de nuestra historia, y para abrir caminos nuevos en los que todos podamos participar para construir el futuro de la Nación, es necesario crear espacios de encuentro, de diálogo y de reflexión en los que, partiendo de la realidad e identidad de nuestra Nación, debemos revisar qué es lo que nos une como mexicanos, cuáles son nuestros referentes comunes y donde están los principales problemas que nos han contrapuesto, de manera que podamos encontrar los caminos para crecer en un clima de reconciliación, de justicia y de paz.
70. Esta revisión, como lo expresamos anteriormente, podrá ayudarnos a:
“Conseguir los consensos que nos permitan la unidad en los grandes criterios iluminadores que nos lleven a alcanzar el país que queremos para todos, poner los cimientos sólidos que nos lleven a conseguir la unidad dentro de la legítima diversidad”.
71. “¿Podría la Iglesia ser marginada en este momento histórico, como lo ha sido tradicionalmente en nuestro país? Más aún, ¿Podría la Iglesia automarginarse y permanecer pasiva como simple espectador que ve pasar desde la ventana el desfile de los acontecimientos que hoy están construyendo la historia?
Consideramos que nos toca ofrecer nuestra aportación desde la misión que nos es propia, es decir, desde el anuncio evangelizador, que asume la verdad de Dios, que es amor y la verdad del hombre, llamado al amor y a la plenitud de la vida”.
72. Creemos que llegó la hora en que esos tres ríos, “a veces ocultos y siempre caudalosos” de ricas realidades que nos constituyen, puedan confluir libremente hacia un gran océano, en el que, creciendo en nuestras propias riquezas particulares a nivel personal y comunitario, podamos compartir, sin odios ni violencias, una humanidad y un destino común, aportando complementariamente cada uno lo suyo.
Importancia de la memoria histórica.
74. A los católicos mexicanos nos ha hecho falta cultivar y esclarecer la memoria histórica de nuestra fe. Sabemos muy bien que si ella se debilita la identidad y el sentido del presente y del futuro de todo pueblo.
75. Es necesario reflexionar y comprender mejor el significado de estos quinientos años de evangelización.
77. Nuestra historia como Nación no es ya solamente una historia modelada por héroes valerosos, sino también por santos y beatos, mártires y confesores: niños, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, clérigos, consagradas, consagrados y fieles laicos que, amando a Jesucristo y a su Iglesia, amaron también a México.
Seis días después, Jesús se fue a un monte alto, llevando con él solamente a Pedro, Santiago y Juan. Allí, en presencia de ellos, cambió la apariencia de Jesús. Sus ropas se volvieron brillantes y blancas, como nadie podría dejarlas por mucho que las lavara. Y vieron a Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. Pedro le dijo a Jesús:
–Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Es que los discípulos estaban asustados y Pedro no sabía qué decir. En esto vino una nube que los envolvió en su sombra. Y de la nube salió una voz:
–Este es mi Hijo amado. Escúchenle.
Al momento, al mirar a su alrededor, ya no vieron a nadie con ellos, sino sólo a Jesús.
Mientras bajaban del monte les encargó Jesús que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado. Así que guardaron el secreto entre ellos, aunque se preguntaban qué sería eso de resucitar.
Comentario
La nueva apariencia del Señor en la Eucaristía es tan resplandeciente como su transfiguración de aquel tiempo. Pero es un resplandor que confunde y deslumbra a nuestros ojos que no son los normales, materiales, sino a nuestros ojos de fe.
Mirar al Señor en los dones consagrados nos debe llevar a un estado de temor parecido al de los apóstoles.
Entender la Presencia Santa con nuestras limitaciones de comprensión es bastante difícil, perturba, hace dudar. Por eso hay muchos que niegan esa presencia, tan sujetos como son a las percepciones materiales.
Cuando nos damos cuenta de esa gran realidad de la presencia de nuestro Dios en la Eucaristía, igualmente, como Pedro, Santiago y Juan podemos escuchar la Voz que nos dice lo mismo “Este es mi Hijo amado. Escúchenle”.
¿Dónde habremos de escucharle? En la Sagrada Escritura, en la Biblia.
Si queremos oír al Señor, estar cerca de Él, tendremos que buscar en la Sagrada Escritura su palabra, su voz, pero más precisamente el Señor de la Eucaristía se entrega a nosotros al recibirlo por lo que nos dice en lo que leemos.
Y también, como Pedro, al sentirnos inmensamente felices, podemos decirle que sería bueno hacer no tres chozas, sino una sola, para estar Él con nosotros o nosotros con Él.
Y terminando de escucharle, el Señor ya no nos diría que no se lo contáramos a nadie, sino precisamente todo lo contrario, porque ya resucitó y está entre nosotros.
Así es: el Resucitado es nuestro Señor de la Eucaristía. Vive con nosotros.
Nuevamente el Dios de amor, Padre nuestro, nos llama a platicar, de padre a hijo acerca del modo en que hemos llevado nuestra vida, durante el tramo del pasado año a este otro. Una plática en actitud de verdadero amor.
¿Cuál ha sido nuestra respuesta al mundo de nuestra esperanza y de nuestra fe?
¿Hemos confirmado nuestro amor a Dios, amor que debimos haber manifestado en la atención a nuestros hermanos, sobre todo a los más necesitados?
¿Hemos buscado la verdad en torno a nuestra fe escuchando la voz del Espíritu Santo que se hace oir por boca de nuestros pastores?
O hemos escuchado la vana palabrería de la publicidad comercial: los ataques a la Iglesia y a nuestros pastores; la justificación de los vicios y pasiones; la defensa de las ideologías de muerte para los recién concebidos o para los que se preparan para su propia pascua para ir a habitar en una de esa habitaciones que el propio Señor ha preparado para nosotros.
Nuestros valores cristianos ¿Han disminuído al grado de que lo poco que nos quedaba ha desaparecido? ¿O han aumentado, aunque sea un poco, para incrementar nuestro tesoro para la vida eterna?
Cuaresma es el tiempo de hacer un inventario de esos valores cristianos nuestros. Si han disminuído, busquemos al dueño de la cosecha para suplicar su ayuda amorosa.
Hoy más que nunca, nuestra fe en el Resucitado, el Viviente de la Eucaristía, tiene que fortalecernos para resistir todos los ataques, a veces brutales, que los sin Dios lanzan contra sus fieles.
La vida en un mundo donde la verdad se opaca entre tantas falsedades necesita de soporte, de fundamentos sólidos para nuestra fe.
Y es hoy, como ayer y siempre, el amor de Dios por nosotros, manifestado plenamente en el Hijo --el Señor de la Eucaristía-- quien sale a nuestro encuentro para revitalizarnos y para darnos luz y mostrarnos el camino.
"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", nos dice el Señor Jesús. Si queremos, como cristianos, ser dignos y coherentes, tenemos que seguirlo a Él de manera responsable, escucharlo y preguntarle y, en consecuencia, actuar según nos pide.
Tenemos que buscarlo, para contarle nuestras penas, hablarle de nuestras carencias, de lo que nos aflije y entristece y de lo que aflije y entristece a aquellos a quienes amamos .
Pero, inclusive, contarle nuestras traiciones, nuestras tentaciones y nuestras caídas, nuestra falta fe y suplicarle que nos haga confiar en Él, como San Pedro al hechar nuevamente las redes al mar, a pesar de no haber pescado nada anteriormente.
Su amor y gracia se nos otorgará, con plenitud trinitaria, cuando, reconociendo nuestras faltas y pecado, humildemente nos arrodillemos ante su ministro y supliquemos su perdón. Y entonces escucharemos con gozo las palabras de vida: "Yo te perdono, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...", en el Sacramento de la Reconciliación.
Y si el temor nos mantiene inmóviles, Dios nos ha dado un recurso adicional: la bendita Virgen María, que extendiendo su brazo nos toma de la mano y, con amor de Madre, nos conduce hacia aquel que es Camino, Verdad y Vida.
Reconciliarse es volver a estar de acuerdo con alguien; es retomar un camino perdido.
Reconciliarse es volver a tener paz, ánimo, felicidad, porque otra vez hacemos las cosas bien.
Reconciliarse es darse cuenta de la importancia de uno mismo, de lo mucho que valemos.
¿Con quién reconciliarse? ¿Porqué hemos de hacerlo? ¿Para qué?
En el camino de la felicidad que Dios nos ha señalado desde nuestro bautismo para recorrer en nuestra vida, se nos van presentando obstáculos para transitar por él para llegar a Dios que nos ama. Esos obstáculos son el pecado.
El pecado rompe nuestra relación con Dios. nos separa del camino que Dios nos señala.
Pero también el pecado rompe nuestra relación con nuestros hermanos, ya sea con nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo o nuestros vecinos.
Y es que la relación con Dios se ve en nuestra relación con los hermanos e inclusive con todo lo demás creado: todos los animales y todas las plantas, que están a nuestro cuidado.
¿Qué sucede con nosotros?
Siendo Dios la fuente de toda felicidad y gozo, si nos separamos de Dios por el pecado nos alejamos de lo que nos alegra, de todo lo que nos anima con valor para seguir adelante; nos llenamos de temores, dejamos de pensar correctamente y decimos que el mal que hacemos es bueno.
A pesar de todo, Dios es Padre bueno y amoroso con nosotros sus hijos e hijas. En su paso maravilloso por la tierra donde habitó entre nosotros y se ha quedado en la Eucaristía, ha puesto medios por los cuales podemos recuperar Su amor que hemos perdido.
Uno de ellos es precisamente el sacramento de la Reconciliación; o como se decía antes, el sacramento de la penitencia, es decir, la confesión de nuestros pecados.
Este tiempo de cuaresma nos invita a regresar a Dios y recuperar su amor, el amor de nuestros hermanos y la importancia de uno mismo y así retomaremos el camino.
¡ Motivo de alegría y felicidad!
¡Vamos al encuentro del Resucitado, Él nos dará un abrazo al rencontrarlo y nos dirá cuánto nos ama.
La razón fundamental para la crucifixión del Señor fue su proclama de la verdad, donde el amor de Dios se manifiesta en todo su esplendor. Pero esta proclamación fue tan vívida y contundente que no pudo ser soportada por quienes ejercían la autoridad, que en muchos de los casos vivían en y con la mentira, con el fin de sojuzgar al Pueblo de Dios.
No queremos decir, de ninguna manera, que el pueblo donde nació, vivió y predicó el Señor Jesús, fue el culpable de su muerte. Ellos fueron solo figura de la humanidad entera que necesitaba ser redimida para volver a ser objeto de la benevolencia divina. De hecho, puede decirse que fueron instrumento de Dios para la redención que Él trajo. En todo caso la culpa es personal de quienes participaron. El Señor también murió por y para ellos.
Esta humanidad, desde Adán y Eva hasta los últimos nacidos antes del regreso del Rey, ha sido lastimada por el pecado de Adán. Necesita un Redentor, un intermediario ante Dios, un sacerdote que ofrezca los dones de salvación.
El mismo Dios ofrece todo eso. Y lo realiza mediante la Encarnación del Verbo, que toma carne y participa en el tiempo en la persona de Jesús de Nazaret, el hijo de José el carpintero y de María, la campesina. Es el Señor Dios en Jesús de Nazaret. Todo él es el Señor.
En Jesús de Nazaret culmina el tiempo y la promesa hecha por Dios desde el principio.
Esta promesa trae no solo una existencia teórica sino práctica. El Señor Jesús vive lo que predica hasta el final: “Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas.” (Jn 10,11).
Su proclama de la verdad es fascinante: “El diablo le dijo entonces: -Si eres el Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le respondió: -Está escrito: no solo de pan vive el hombre…” (Lc 4,3-4).
“Ustedes dicen… pero Yo les digo…”
La vida material del Señor fue la del Reino en acción, por ello siempre fue un a acción de gracias permanente al Padre del cielo.
Su actitud permanente en la verdad fue lacerante; la proclamación del amor de Dios por los pobres, por los necesitados, los marginados, los niños, la mujer…la resurrección de los muertos… cuando que se pensaba que Dios manifestaba su predilección y bendecía solamente dando bienes materiales o amplio poder y todos los demás eran maldecidos de Dios. Y más cuando se decía que con el fin de la vida toda relación con Dios se terminaba.
Y con todo eso, el Señor dio la vida por sus hermanos muriendo como verdadero Dios: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”; y con verdadero dolor humano: “¡Dios mío, porqué me has abandonado!...”
Pero aún, hablando de su muerte, el Señor sigue en la verdad: “El Padre me ama, porque Yo doy mi vida para recuperarla de nuevo. Nadie tiene poder para quitármela: soy Yo quien la doy por mi propia voluntad. Yo tengo poder para darla y para recuperarla de nuevo. Esta es la misión que recibí de mi Padre”. (Jn 10, 17-18).
“…destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo.” (Jn 2,19).
Y verdaderamente el Señor resucitó, y por ello su triunfo es nuestro triunfo, su gloria es también nuestra. San Pablo insiste en su predicación que el Señor murió por nuestros pecados. Es su muerte la que nos ha recuperado la plenitud del amor de Dios; pero también insiste: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”.
La resurrección del Señor es lo que da luz a su muerte y por eso reconocemos que por ella nuestra redención se realizó.
En realidad el triunfo del Señor en su resurrección es triunfo nuestro porque ya no andamos a tientas buscando la verdad. Si no hubiera resucitado, su muerte solo habría sido la muerte de un gran benefactor de la humanidad, pero no sería redentora.
Y Resucitado sigue en la verdad: “No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes. Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán, pero ustedes me verán y vivirán porque yo vivo”. (Jn 14, 18-19).
Los cristianos, particularmente los que tenemos el don de ser católicos, por nuestro bautismo ya no somos “del mundo” y le seguimos mirando en la Eucaristía con ojos de fe; y porque Él vive con vida eterna, nosotros vivimos porque participamos de esa vida que es Él y que como Hermano muy amado nuestro, nos la obsequia amorosamente cada vez que, en estado de gracia, nos acercamos a comulgar con Él.
Y esa muerte que nos restaura en la comunión con Dios, permanece en el tiempo, hasta que Él venga, y obtenemos sus méritos cuando participamos en la celebración de la Santa Misa. No participar en este dinamismo divino que es la Misa es ir en contra de esa verdad que es Jesucristo Nuestro Señor y entramos en la contradicción de tener fe y sin embargo la meta de esa fe no deseamos alcanzarla.
Pascua es el tiempo de celebrar las maravillas que el Padre ha hecho por nosotros con la muerte y resurrección del Hijo. Es el tiempo de gozar y cantar jubilosos que el Señor muerto y resucitado, estando ya “a la derecha del Padre”, sigue con nosotros en el mundo, permaneciendo en la Eucaristía.
La culminación de esas maravillas se dará cuando en Pentecostés también nos gloriemos de la presencia santa del Espíritu Santo, “Señor y dador de Vida”.
Entonces, como los apóstoles y los discípulos, obtendremos el valor para proclamar con fuerza: “Lo que ocurre es que se ha cumplido lo que dijo el profeta Joel: en los últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre todo hombre y profetizarán sus hijos y sus hijas…Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará” (Hech 2,16-17a; 21) “…sepan pues, con plena seguridad, que Dios ha constituído Señor y Mesías a este Jesús…” (Hech 2,36).
Este Señor y Mesías es el Señor de la Eucaristía. El Resucitado. A Él la gloria sin fin.
¡Felices Pascuas de Resurrección 2012!Rubén Robles Monge.
¡Larga vida y gran sabiduría de Dios al Papa Benedicto XVI!